
El paisaje de esta ruta lo conforman amplias extensiones de tierra ganadera, haciendas, quintas, ranchos, misiones, caminos agrestes y huertos frutales. Podemos encontrar, además, rodillos de madera para hacer tortillas, discos de acero, morteros, parrillas y canastos para guardar y acarrear la comida.
La caza y la recolección fueron características intrínsecas a estas tierras, sin embargo hay vestigios de agricultura de la cultura de Paquimé. Los fogones tarahumaras rescatan tradiciones nómadas y de cultivo; podemos encontrar maíz, chile y frijol, del que se hacen pozol, tamales y atoles. Con la llegada de misioneros y hacendados se integraron a la región el trigo, el ganado, el azúcar, las conservas de frutas con azúcar y las carnes secas. Las comunidades menonitas son especialistas en la preparación de lácteos, embutidos y productos ahumados.
El chile pasado, las tortillas de harina, la carne seca y los cortes de carne fresca son eje fundamental de la alimentación de esta zona. Se consumen los caldos para combatir los fríos y aguas frescas y cerveza para los calores, además de tesgüino y sotol, utilizados originalmente en rituales.
Podemos imaginar la vida de los vaqueros, de los rancheros, los ganaderos, caballerangos, de los peones y de los ferrocarrileros a la perfección. Podemos imaginar a Francisco Villa, que se unió a la Revolución para sumarse a la búsqueda de la justicia social y el mejor repartimiento de la riqueza; como un hombre nómada en esencia, que recorrió las tierras como un experimentado cazador.